Lembrando Pablo Neruda

Há 40 anos morria Pablo Neruda.

Naquele dia todos nós fomos abalados não apenas pela perda de um grande poeta, mas pela certeza de que ele havia sido assassinado pelos golpistas chilenos. Também imaginávamos que Allende havia sido assassinado.

Hoje sabemos que Allende preferiu a morte a se entregar aos golpistas.

Acredito – hoje, quando se pensa em exumar seu corpo – que Neruda morreu, não pelas mãos de algum militar, mas, sendo poeta, escolheu aquele momento para dar a sua morte um sentido além de sua própria vida. Como ele escreveu no belo poema A Morte, na tradução de Thiago de Mello:

“Renasci muitas vezes, da profundeza
de estrelas derrotadas, reconstruindo o fio
das eternidades que povoei com minhas mãos,
e agora vou morrer, sem nada mais, com terra
sobre meu corpo, destinado a ser terra.”

Por isso transcrevo aqui, no original, o Poema 20 (do livro Vinte poemas de amor e uma canção desesperada) que nos mostra como amava e vivia o poeta ao renascer do amor perdido.

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

(Roberto Gomes, 23/9/2013)